Muy a menudo necesitamos almacenar cierta cantidad de datos de forma más o menos permanente. La memoria del ordenador es volatil, y lo que es peor, escasa y cara. De modo que cuando tenemos que guardar nuestros datos durante cierto tiempo tenemos que recurrir a sistemas de almacenamiento más económicos, aunque sea a costa de que sean más lentos.
Durante la historia de los ordenadores se han usado varios métodos distintos para el almacenamiento de datos. Al principio se recurrió a cintas de papel perforadas, después a tarjetas perforadas. A continuación se pasó al soporte magnético, empezando por grandes rollos de cintas magnéticas abiertas.
Hasta aquí, todos los sistemas de almacenamiento externo eran secuenciales, es decir, no permitían acceder al punto exacto donde se guardaba la información sin antes haber partido desde el principio y sin haber leído toda la información, hasta el punto donde se encontraba la que estabamos buscando.
Con las cintas magnéticas empezó lo que con el tiempo sería el acceso aleatorio a los datos. Se podía reservar parte de la cinta para guardar cierta información sobre la situación de los datos, y añadir ciertas marcas que hicieran más sencillo localizarla.
Pero no fué hasta la aparición de los discos magnéticos cuando ésta técnica llegó a su sentido más amplio. En los discos es más sencillo acceder a cualquier punto de la superficie en poco tiempo, ya que se accede al punto de lectura y escritura usando dos coordenadas físicas. Por una parte la cabeza de lectura/escritura se puede mover en el sentido del radio del disco, y por otra el disco gira permanentemente, con lo que cualquier punto del disco pasa por la cabeza en un tiempo relativamente corto. Esto no pasa con las cintas, donde sólo hay una coordenada física.
Con la invención y proliferación de los discos se desarrollaron los ficheros de acceso aleatorio, que permiten acceder a cualquier dato almacenado en un fichero en relativamente poco tiempo.
Actualmente, los discos duros tienen una enorme capacidad y son muy rápidos, aunque aún siguen siendo lentos, en comparación con las memorias RAM. El caso de los CD es algo intermedio. En realidad son secuenciales en cuanto al modo de guardar los datos, cada disco sólo tiene una pista de datos grabada en espiral. Sin embargo, este sistema, combinado con algo de memoria RAM, proporciona un acceso muy próximo al de los discos duros.
En cuanto al tipo de acceso, en C y C++ podemos clasificar los archivos según varias categorías:
Es posible crear archivos combinando cada una de estas categorías, por ejemplo: archivos secuenciales de texto de longitud de registro variable, que son los típicos archivos de texto. Archivos de acceso aleatorio binarios de longitud de registro constante, normalmente usados en bases de datos. Y también cualquier combinación menos corriente, como archivos secuenciales binarios de longitud de registro constante, etc.
En cuanto a cómo se definen estas propiedades, hay dos casos. Si son binarios o de texto o de entrada, salida o entrada/salida, se define al abrir el fichero, mediante la función fopen en C o mediante el método open de fstream en C++.
La función open usa dos parámetros. El primero es el nombre del fichero que contiene el archivo. El segundo es em modo que es una cadena que indica el modo en que se abrirá el archivo: lectura o escritura, y el tipo de datos que contiene: de texto o binarios.
En C, los ficheros admiten seis modos en cuanto a la dirección del flujo de datos:
En cuanto a los valores permitidos para los bytes, se puede añadir otro carácter a la cadena de modo:
En ciertos sistemas operativos no existe esta distinción, y todos los ficheros son binarios.
En C++ es algo diferente, el constructor de las clases ifstream, ofstream y fstream admite los parámetros para abrir el fichero directamente, y también disponemos del método open, para poder crear el stream sin asociarlo con un fichero concreto y hacer esa asociación más tarde.
© Julio de 2001 Salvador Pozo, salvador@conclase.net